Home

 

Contacto

 

Artículos


Poza Martín, Raúl

3º E de Periodismo

Redacción Periodística


CASTILLA, ETERNA OLVIDADA

“Tú tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres, al sufrir, que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor”. Esta cita que pertenece a un texto de un pliego de cordel anónimo de principios del siglo XIX habla de una realidad de la época, pero nos deberíamos preguntar si esta cita es aplicable no sólo al siglo XIX, sino anteriormente y sobre todo si en la actualidad Castilla es despreciada, o como mínimo no se la da el tratamiento que merece por toda su historia.

 

Hipótesis.

La hipótesis que se plantea es el tratamiento que ha tenido Castilla durante la historia de España y que culmina con el Estado de las Autonomías y la división de Castilla en varias Comunidades Autónomas. Si miramos la Historia encontramos seis momentos históricos o épocas que marcan los puntos de inflexión claves en la evolución de Castilla, estos son: la unión de Isabel la Católica y Fernando de Aragón, la Revuelta de las Comunidades (los Comuneros), Felipe V, la II República, el franquismo y por último y el más importante, el Estado de las Autonomías.

Si hacemos un análisis de estos momentos históricos podemos sacar la conclusión sobre el papel desempeñado por Castilla y como este papel que ha jugado no se ha visto recompensado por ningún gobierno a lo largo de la historia española.


Los Reyes Católicos.

Cuando hablamos de Isabel y Fernando se suele caer en el error de decir que al conseguir la reconquista de la Península Ibérica se forma España y desde ese momento unido al descubrimiento de América se comienza a hablar del Imperio Español y esta afirmación no es correcta.

La unión de Isabel y Fernando, como primer momento histórico clave de Castilla, representa la unión de dos reinos independientes; Castilla y Aragón, para un fortalecimiento económico y militar donde Castilla está muy por encima de Aragón y cada uno de ellos siguen manteniendo sus propias políticas territoriales, por tanto está Castilla y el Imperio de Castilla (ya que fue Isabel la Católica la que sufragó los gastos a Cristóbal Colón).

Por otro lado, desde este momento si podemos apreciar lo que será la Castilla más “potente e histórica”, que es la que en la actualidad representa las Comunidades Autónomas de: Cantabria, Castilla y León, La Rioja, Madrid y Castilla-La Mancha; haciendo una diferenciación con el reino de León, formado por Salamanca, León y Zamora; y La Mancha.

 

 

La Revuelta de las Comunidades: Los Comuneros.

Damos el primer salto histórico, la segunda fase clave en la historia de Castilla, hasta la llegada de Carlos V y es en este momento cuando se produce la primera gran explotación a Castilla.

Carlos V ve en el reino de su madre Juana de Castilla, “ Juana la Loca”, aunque es algo arriesgado llamarla loca; ya que si tu marido te es infiel, si tu hijo se va a Flandes nada más nacer y ves como no te dejan gobernar tu reino y te “encierran” en Tordesillas, donde no te paran de llegar noticias del sufrimiento castellano por la explotación a la que le somete tu propio hijo; muy bien psicológicamente no puedes estar, un territorio perfecto para utilizar todos sus recursos tanto de materias primas como el oro de América para sus gastos imperiales. Este hecho produce en la burguesía castellana y en todo el pueblo castellano, un sentimiento de rechazo ante esta nueva política imperial y da lugar al gran levantamiento en la historia de Castilla, da lugar a la Revuelta de las Comunidades. El levantamiento comunero (1519-1521) comenzado por Padilla en Toledo y junto con los líderes Juan Bravo en Segovia, Maldonado en Salamanca y en menor medida Zapata en Madrid y el obispo Antonio de Acuña en Zamora, hacen que todo el reino de Castilla se levante para defender su tierra. Esta revolución que acabó con la victoria imperial en la batalla de Villalar, después llamada Villalar de los Comuneros, nos deja para la historia varios hechos que no han sido recordados: nace el sentimiento castellano y alrededor de él la integración en este sentimiento de las ciudades del reino de León; Salamanca, León y Zamora y de fuera de Castilla, como Sevilla, Jaén, Cáceres, Córdoba, Alicante, y por supuesto La Mancha. En definitiva, se comienza a fraguar la idea de unión en una misma tierra, la idea de España. Además, podemos hablar de la primera revolución democrática en la historia universal, ya que se redactó una constitución que no vio la luz por la falta de la firma de Juana de Castilla, pero de estos acontecimientos pocos se han acordado.


Felipe V.

Pasamos al segundo salto histórico en este análisis, la tercera fase histórica, y es en esta nueva etapa cuando se produce una configuración, una organización de España no muy diferente a la actual. Este periodo histórico es el reinado de Felipe V de Borbón. Con la entrada de los borbones a España, se produce una nueva organización territorial al estilo departamental francés (recordemos que los borbones provienen de Francia). El bastión durante la guerra de Sucesión de Felipe V fue Castilla, ya que esta no deseaba una división del país al estilo de los virreinatos de Aragón, como así lo quería el Archiduque Carlos muy apoyado por Cataluña. La victoria de Felipe V trajo consigo la idea del centralismo y con ella el mapa de España no varió mucho desde ese momento hasta hoy. Pero ese centralismo tuvo una gran protagonista al margen del resto del territorio: Navarra, que se la concedió unos fueros especiales que mantiene en la actualidad, por apoyar a Felipe V; la pregunta es: por qué Castilla no obtuvo un tratamiento especial si desde el primer momento fue el gran apoyo y la base para el bando de Felipe V. La respuesta es la misma que siempre: la idea de España, de apostar por una unidad territorial de Estado-Nación español le vuelve a pasar factura y se queda sin privilegios.


La II República.

Como dice el refrán: quien la sigue la consigue. O eso se pensaban los castellanos cuando llegó la Segunda República; en este tercer salto de historia y por consiguiente cuarta fase de la historia castellana. El movimiento social y literario de la generación del 98 con los ideales históricos y sociales del glorioso pasado castellano y la figura de Castilla como tierra incansable, madre de España, sin grandes recursos pero luchadora hasta el final, hacen pensar que gracias a los escritores, intelectuales y políticos de esta generación Castilla va a conseguir con la República el reconocimiento que se le había negado; en un primer momento así lo parece, ya que la tercera franja en color morado de la bandera, se pone en honor a los comuneros; pero por desgracia, hay acaba la historia y la historia acaba hay porque la hipótesis de una República Federal hace saltar los ideales independentistas de Cataluña y País Vasco, de una manera mucho más fuerte que durante el siglo XIX, por lo que los gobiernos de la República se centran en calmar a los independentistas y otorgarles Estatutos de Autonomía que rozan la federación y les dan competencias que el resto de España no posee, cosa que como se sabe, sigue sucediendo en la actualidad. Volvemos a la misma canción de siempre, de nuevo Castilla se queda sin ningún trozo del pastel.


El Franquismo.

No hacemos un gran salto para adentrarnos en la quinta fase de Castilla, ya que esta es el franquismo. El dictador Francisco Franco en uno de sus primeros discursos en el NO-DO nombra la figura de Isabel la Católica como ideal de mujer y de persona, para unirla a Castilla como historia viva de España y como territorio ideal, pero de nuevo elogios que no van a llegar a ninguna parte. El régimen totalitario franquista lleva toda la industria a Cataluña ( textil y alimentaria) y a el País Vasco (altos hornos y astilleros), por miedo a levantamientos independentistas, porque como ya sabemos todos Castilla siempre está callada, no protesta y aguanta todos los azotes históricos y políticos necesarios.


El Estado de las Autonomías y la Constitución española.

Se llega el quinto y ultimo salto en la historia, por tanto, la sexta fase de la evolución castellana que es el Estado de las Autonomías. El Estado de las Autonomías supone para Castilla el peor golpe histórico y político recibido hasta el día de hoy. Para demostrar la hipótesis planteada al principio del artículo, debemos acudir al texto que nos representa a todos nosotros y el cual se debe cumplir, donde están nuestros derechos y deberes y en él se articula la organización política y territorial de España: La Constitución española. No hay mejor forma para ratificar la hipótesis que acudir a este texto y a lo que en sus capítulos y artículos expresa.

 

En uno de los párrafos del Preámbulo de la Constitución se dice: “Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones”. Podríamos pensar que es un fragmento sin más, pero no es así, introduce un término muy peligroso y ambiguo; es el término pueblo. El término pueblo se refiere a una población con unas raíces comunes históricas, de tradiciones, culturales, lingüísticas… que aspiran a configurarse en un Estado o en una nación o como forma máxima en un Estado-Nación, por tanto, no se puede hablar en ese fragmento de pueblos de España y de españoles a la vez ya que su significado no concuerda.

Me refiero a este aspecto porque ya en el artículo segundo de la Constitución se puede leer:” La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. Si hablamos de una nación, nos referimos a un pueblo común, pero si por el contrario hablamos de que se reconocen las nacionalidades dentro de la nación española, estamos hablando del Estado español y no de la Nación española, un estado puede estar formado por varias nacionalidades, pero una Nación la forma una sola nacionalidad.

El preámbulo y el artículo segundo nos dejan claro porque los partidos políticos nacionalistas no paran de pedir la independencia de sus regiones, pero sobre todo como se configuran los Estatutos de Autonomía, en torno las autonomías y competencias que puedan tener cada región y como Castilla quedará al margen y en un segundo plano, siendo en ella dónde nace España y por tanto el artículo dos debería darla la razón y la prioridad, desapareciendo términos como pueblos de España o nacionalidades, cosa que no sucede.


Entramos de lleno y en profundidad en el Título VIII de la Constitución española. Referido a la organización territorial del Estado.

En el capítulo primero artículo 138 punto 2, se afirma lo siguiente: “Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales”. Esto para Castilla y para el pueblo castellano es una mentira por varios motivos. En primer lugar, y aunque no este directamente relacionado con este artículo de la Constitución, las Comunidades Autónomas han mantenido con sus Estatutos de Autonomía sus fronteras tradicionales salvo Castilla, que se ha visto dividida en cinco Comunidades: Cantabria (Santander es el puerto tradicional e histórico de Castilla), La Rioja (ser riojano no significa no ser castellano), Castilla y León, Comunidad de Madrid (creada únicamente por motivos económicos) y Castilla-La Mancha(por qué ser manchego si es ser castellano y ser riojano no significa ser castellano) . Volviendo al artículo 138 podemos afirmar que el País Vasco por sus estatutos, Navarra por sus fueros y Cataluña por negociaciones con los distintos gobiernos de la democracia poseen, favoritismos económicos que Castilla soñaría con tener.


Si acudimos al artículo 145 leemos en su punto número 1: “En ningún caso se admitirá la federación de Comunidades Autónomas”. Uno de los principales motivos por los cuales se hizo la división en cinco de Castilla fue para evitar una federación de un territorio que comprendería gran parte de la geografía española y de esta forma conseguir que no tuviese más fuerza que el resto de las Comunidades, pero esto es absurdo y no tiene sentido, porque Catilla apuesta por la unidad, y encima, ha ocurrido lo contrario. Pequeñas Comunidades en comparación con Castilla se acercan cada vez más a la federación: de inicio Navarra por sus fueros no es una autonomía corriente y al poseer control fiscal, policía propia, justicia particular… es más una federación; con el País Vasco sucede lo mismo con sus diferentes competencias al igual que Cataluña, pero en general todas las Comunidades con sus competencias en Sanidad o por ejemplo en Educación, base en una Nación, se acercan más al federalismo que a la autonomía.

Uno de los artículos que más demuestra las injusticias que sobre Castilla se ha cometido en la Constitución y en los Estatutos de Autonomía es el artículo 147 que en su punto número 2 afirma: “Los Estatutos de autonomía deberán contener: a) la denominación de la Comunidad que mejor corresponda a su identidad histórica”.

Este artículo, en lo que se refiere a Castilla, no tiene ni pies ni cabeza, es reírse de Castilla, es una mentira. Si hablamos de identidad histórica únicamente existiría la Comunidad Autónoma de Castilla y no dividida en las cinco anteriormente nombradas. Castilla La Vieja en lo que se refiere a Castilla y León con La Rioja y Cantabria y Castilla La Nueva referida a Madrid y la actual Castilla-La Mancha, es un concepto muy extendido que hay que quitarse de la cabeza, todo lo anterior nombrado siempre ha sido uno hasta la Constitución del 78, quitando La Mancha en alguna ocasión y el Reino de León durante la reconquista y un par de siglos después de esta. Asique, si la Constitución nos habla de Comunidades por identidades históricas con Castilla se ha cometido un error imperdonable. En cambio, a través de la Disposición Transitoria número cuatro, la Comunidad Foral de Navarra si que podría “integrarse al Consejo General Vasco o al régimen que le sustituya en el lugar de lo que establece el artículo 143”. Castilla también podría acogerse al artículo 143 ya que en él se establecen los requisitos para conformarte en una Comunidad autónoma: “Provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas con arreglo a lo previsto en este Título y en los respectivos Estatutos”. Castilla cumple de sobra todos los requisitos establecidos por este artículo, y los cumple desde el inicio de su historia, anterior a la propia historia de España, ya que Castilla es la que inicia la historia española, pero no posee una Disposición Transitoria como Navarra.


Todo esto se ve simplemente observando en que fechas se aprobaron los Estatutos de Autonomía y cual fue el orden, y encontramos lo siguiente: los Estatutos de País Vasco y Cataluña fueron los dos primeros, ambos fechados el 18 de diciembre de 1979, debido a que como reza la Constitución ambos poseían Estatuto anterior a esta Constitución y por tanto para la nueva Constitución el antiguo estatuto es válido para esta: Disposición Transitoria 2. Por el contrario y por poner algún ejemplo, encontramos el Estatuto de Castilla- La Mancha fechado el 10 de agosto de 1982 en undécimo lugar, pero si ya acudimos a Madrid y Castilla y León los encontramos en el lugar decimosexto y decimoséptimo, fechados el 7 de julio de 1982 y el 25 de febrero de 1983 respectivamente sólo por delante de Ceuta y Melilla, ambas ciudades autónomas de la época de los Reyes Católicos.


Conclusión final.

Se han expuesto hechos contrastados para poder afirmar que la hipótesis planteada en el artículo es correcta y que a Castilla no se le ha dado el tratamiento que su historia merece y sobre todo por su apuesta y lucha continua para conseguir alcanzar un territorio homogéneo y común para todos como es España. Un territorio de igualdad para todas las regiones y Comunidades que componen a la nación española.

No se puede afirmar aunque tal vez sí, que los políticos no sólo nacionales, ya que estos esta bastante claro que se han olvidado completamente de Castilla, si no también los políticos de Castilla no han luchado para conseguir lo mejor para su tierra, la cuestión quizá no era pedir dinero continuamente como lo clave para evolucionar, quizá, tal vez, lo correcto hubiese sido como base, tener una identidad, el saber quienes somos dentro de España y a partir de ese momento poder evolucionar sabiendo de donde venimos y cual es el lugar y el papel que debemos representar los castellanos dentro de España. No es sólo tarea de políticos, también de los ciudadanos, cuando en la Transición y varios años después la gente se reunía el 23 de abril en Villalar de los Comuneros para rememorar la batalla y el día de Castila, afirmaban lo expuesto anteriormente, que sin identidad no se va a ninguna parte que no se puede hacer política de ninguna clase si no sabemos en primer lugar quienes somos y porque somos así. Por desgracia según pasaban los años y esa fiesta se olvidaba y se hacía más politizada se iban perdiendo los ideales de los comuneros y el sentimiento castellano iba cayendo en un pozo de olvido que parece en ocasiones, no tener fondo. Por tanto, se deben recuperar las fuerzas y el sentimiento de Castilla, para ser de nuevo, la base de España.

Únicamente recordar a los políticos que acuden al Congreso de los Diputados, que por la puerta derecha de entrada al hemiciclo, por la cual pasan innumerables veces, al entran en la cámara y sentados en sus escaños miren a esa puerta, levanten la cabeza y vean escritos con letras de oro el nombre de tres personas: Padilla, Bravo y Maldonado. Que recuerden porque están allí escritos esos nombres. Están escritos por considerarles héroes y luchadores de la libertad y de la democracia y que por fin se replanteen el papel que debe jugar Castilla en España.